La chica del Dragón Tatuado adaptación de la novela de Stieg Larsson (Millenium I) o como la conocimos por la versión cinematográfica sueca: Los hombres que no amaban a las mujeres, es uno de estos casos en los que apocalipticamente no podía sino pensar que vendría una catástrofe millonaria, aunque el desastre viniera de la mano del brillante director David Fincher.
Recuerdo que me llamó mucho la atención ver aquel póster en las instalaciones de Cines Unidos cuando apareció la lejana producción de Niels Arden Oplev estrenada en el país escandinavo por allá en el 2009. Duró muy poco tiempo en la pantalla grande de nuestro país, así que acudí a los amigos de parche en el ojo.
Lisbeth Salander


El personaje de Mikael Blomkvist no fue una figura llamativa para mí en un principio, ahora me doy cuenta que probablemente haya sido por la aburrida interpretación del actor sueco Michael Nyqvist, y aunque Daniel Craig no es mi protagonista favorito fuera de las cintas de James Bond, este trabajo suyo provocó mi reconciliación con el periodista, personaje en el que se reflejaba el propio Larsson al escribir la novela.
Fincher y sus monstruosidades
Utilizo mucho la frase "lo volvió a hacer" y es porque la mayoría de las veces que lo hago es para hablar de un resultado satisfactorio y este es el caso: David lo hizo de nuevo. El movimiento, las transiciones, la velocidad, el montaje, las secuencias... Es emocionante estar ahí, como en Sev7n o The social network, hay algo relevante que contar (en este caso la violencia hacia las mujeres en Suecia o en cualquier parte del mundo) y además la forma en que te lo narra se convierte en el vehículo perfecto para comunicar, llamando tu atención sin desvincularte de lo importante, ni distraerte con adornos.
¿Con cuál de las versiones me quedo? Voto por una fusión: la Salander europea, la música de Trent Reznor, la vibra del reparto sueco hablando su idioma y la dirección del americano. Me siento satisfecha con esta adaptación, agregó nuevos elementos ausentes en su predecesora, material de calidad y no mera intención de lograr taquilla.
Gracias, Fincher... Gracias, Larsson.
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