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martes, 31 de mayo de 2011

The Hangover 2: una resaca irresistible

Acabo de llegar a mi casa luego de ver The Hangover (¿Qúe pasó ayer?) parte 2. Debo decir que desde Due Date (Todo un parto) no me reía tanto. Por supuesto que esto no es producto de la casualidad: en ambos proyectos están involucrados los mismos realizadores y un actor en común, el hilarante Zach Galifianakis. Esta secuela dirigida por Todd Phillips ya rompió récord convirtiéndose en el mejor estreno para una comedia a escasos cinco días de su lanzamiento.

Este, sin duda, es un caso exitoso de las temidas segundas partes. Los más negativos dirán que es el mismo asunto de la primera entrega trasladado a la ciudad de Bangkok. Yo diría que es el resultado de la buena ejecucución de un concepto que ya está en el inconsciente de la cultura pop actual. Unas buenas, y sobre todo divertidas, actuaciones hacen de esta comedia una buena opción para desconectarse y reírse a más no poder. La risa tiene poder sobre las personas y consigue dinero también: ha logrado ganar 137,4 millones de dólares en taquilla en Estados Unidos y Canadá desde el pasado 26 de mayo.

Ahora, como si de una amanecida se tratara, reímos de manera más moderada para no sufrir tanto los dolores abdominales que provocaron las dos horas en la sala de cine. Duele ligeramente la cabeza y no te sacas de la mente la cara redonda y barbuda de Galifianakis, que sin expresión, pose o diálogo alguno te hace sonreír. Una buena oportunidad para disfrutar un rato, relajarse y brindar por la amistad. Como diría Fito Páez: "me gusta abrir los ojos y estar vivo, tener que vérmelas con la resaca". Y que lo digan estos tres panas.

domingo, 15 de agosto de 2010

Han implantado una idea en mi mente y fue Nolan


Llevaba casi dos semanas tratando de ir al cine para finalmente ver la película de Christopher Nolan, Inception (El Orígen). El asunto no se hacía sencillo, por el contrario a medida que pasaban los días se iba complicando. Yo nunca me he detenido al momento de ir al cine sola, lo he hecho en repetidas ocasiones y es muy relajante la verdad. En este caso mi papá estaba en Caracas y quise aprovechar su estadía en la ciudad para ir juntos a verla.

Después de posponer y posponer la salida por reuniones de trabajo, enfermedad y acontecimientos de última hora, el viernes pudimos sentarnos en nuestras butacas ubicadas en la cuarta fila de la sala y mirar la pieza del director de Memento. Debo decir algo antes de entrar de lleno a darles mi impresión de la película: yo no acostumbro ir al cine a ver films de acción -uno que otro de ciencia ficción- no soy asidua a ellos, me inclino más por los dramas y comedias románticas, y me reservo la que me llame la atención de estos otros géneros para ver en la comodidad de mi cama.

Sin embargo me pareció interesante que justamente tanto esta última como la película anterior de Nolan las vi en pantalla gigante y en ambas oportunidades he quedado gratamente sorprendida. No es que yo dude del talento de este realizador, todo lo contrario, es sólo que estoy acostumbrada a ver muchos efectos especiales y extrañar la sensación de que voy a recordar algo de lo que acabo de ver dentro de cinco años. Es justamente esta segunda parte la que más me interesa, por supuesto que los efectos visuales e imagenes digitalmente intervenidas aportan dinamismo y son agradables a la vista, además tienen su justo y merecido lugar en la trama, te recuerdan un poco a Matrix pero aún así tienen la capacidad de seguir sorprendiéndote.

Mi mayor sorpresa fue todo lo que despertó en mí esta pieza cinematográfica. Hay misterio, amor, lucha. Inception te introduce en un mundo, el mundo de los sueños y la compleja mente humana, no te permite salir de él y más importante aún: tú no quieres salirte. Todo lo que se pasea por la pantalla es necesario y no sobra para contar una historia, necesitas de recuerdos y memorias, retroceder y mantenerte conectado con el ahora. Cuando crees que ya el cine de ciencia ficción de estos tiempos no tiene nada nuevo que aportar aparece Nolan para decir que hay cosas que deben ser contadas, que hay mundos por descubrir y que si bien la psique no es un tema nuevo ni exclusivo, todo lo que rodea esta producción y su universo de detalles debe ser visto por la masa que quiere seguir soñando.


Lo que me gusta de estas reseñas es que no son nada hasta que quien las lee vea la película y juzgue él mismo. Es agradable cuando el público no coincide con los críticos, cuando se meriendan sin entusiasmo lo que los "expertos" tienen que decir (yo no lo soy, ni pretendo serlo). Como le dije a mi papá antes de ver la película en cuestión: "esta será una de esas adoradas por la gente y destruída sin éxito por la crítica". Bastaba leer en la prensa cosas como "Leonardo DiCaprio en una actuación de segunda categoría" y revisar en Twitter "que bolas Inception, lo mejor que he visto en mucho tiempo". No creo que sea la mejor película del año -hasta ahora me quedo con Hermano por muchas razones- pero sí tiene algo que aportar dentro de sus complejidades.

Al salir del cine -"¿Papá te gustó?" -"Sí, se puede ver". Cada quien juzgará, creo que la respuesta de mi papá es válida, aunque yo le agregaría varias cosas más como se pudieron dar cuenta. Pero ni yo soy experta ni mi papá es la masa. Vayan a ver El Orígen, amenla u odienla pero tengan con qué argumentar, no se queden fuera de la conversación de una de las mejores del año.

miércoles, 4 de agosto de 2010

No quiero escribir de amor


Desde hace dos semanas estoy tratando de escribir una pauta que me asignaron en el taller de escritura que estoy haciendo. ¡Dos semanas! La asignación es realizar un cuento –de una cuartilla de extensión, máximo dos- que narre una historia de amor. No voy a decir que con las tareas anteriores todo fue soplar y hacer botellas. Es una fantasía –para mí- decir que me senté y las historias se escribieron prácticamente solas, eso sería una gran mentira.

Antes de escribir un cuento me imagino una escena, cómo se verían los personajes y todo ese tipo de cosas, pero me imagino todo en pantalla gigante como si fuese una película, luego –más importante todavía- me pregunto si yo vería esa película o si me sentiría bien luego de haber gastado 40 bolívares al salir de la sala del cine. Resulta que cual directora –digo yo- la historia y las escenas se van gestando poco a poco en mi mente, escribo notas para no olvidar las ideas, aunque la mayoría de las veces las deseche casi todas, hasta que finalmente no aguanto más y me siento a escribir. Hay días en los que tengo más suerte, me viene la musa o simplemente yo en mi ingenuidad creo que tengo una buena idea y estoy tan convencida de ello que me desespero por conseguir una superficie plana donde empezar a escribir y contar todo. No sé en cuál de los dos casos me va mejor, pero la segunda opción implica menos estrés, cosa que no me viene mal.

Lo cierto es que en este caso específico, en esta pauta de “amor” no me ha pasado ni lo primero ni mucho menos lo segundo. No he podido de forma alguna idear algo que me guste o que me incite a teclear. He leído poesía, he visto películas del género, he recordado viejos amores, episodios idílicos, hasta mis frases favoritas pero todo ha sido inútil.

No sé. Ya me estoy preocupando, peor aún: estoy estresada, y debería ser diferente ¿no? Cuando nos dieron las instrucciones para hacer la tarea todo se veía color rosa, hasta sonreí pensando en lo bueno que sería y entonces… ¡Sorpresa! ¿Será que el amor y yo estamos peleados en lo que a noviazgos y parejas se refiere? ¿Que por eso no soy lo suficientemente hipócrita como para fingir que puedo hablar del tema y peor aún idear una historia con final feliz? Está bien, ustedes dirán “bueno pero haz catarsis ahí y le pones el final que te de la gana”. A lo que les contesto: eso también lo he pensado pero tampoco me sirve. Es como si el tema me asfixiara y tuviera que buscar la molesta bombita de oxígeno para poder escribir algo medianamente decente al respecto. ¡Ojo! No soy una de esas mujeres que va por la vida diciendo “no me quiero enamorar, no creo en el amor, he sufrido mucho” y todo ese tipo de tonterías. Claro que quiero y lo he hecho, por supuesto que creo y he sufrido –como todos- es sólo que no sé qué pasa y a medida que voy escribiendo esto siento que me alejo más de la respuesta. Esto es una tragicomedia ya: quiero llorar, pero me da risa llorar por esto, me da rabia y todavía debo la bendita tarea.

Necesito darle ya un final a este post. Obviamente no voy a escribir el cuento ahorita, pero tampoco quiero acostarme a dormir sintiendo que aparte de no tener la historia dejé algo incompleto. Creo que lo único que me dejó este intento de terapia es la certeza de que escribir una historia de amor no es sencillo, ni en el papel ni en la vida. Que el amor siempre te da y te quita, que es tan incoherente que sientes que puedes escribir cientos de cosas sobre él y en realidad no escribir ni saber nada. Ese es mi final. Ni original, ni relevante. Insípido y mediocre como un mal guión, como una decisión tomada al azar o como una vida sin amor.