Hablando de segundas oportunidades, alguien me habló del nuevo disco de Incubus y me dijo que escuchara el sencillo "promises, promises". Esa persona no tenía ninguna esperanza, pues en varias ocasiones le conté del rechazo que me generaba la banda, no porque me parezca mala, simplemente porque no hay empatía entre su música y yo. Nada más. El hecho es que escuché la canción porque -por lo menos cuando de arte se trata- me gusta dar segundas oportunidades. ¡Bingo! Buena decisión, la canción resultó agradarme mucho. Y justo estas dos cosas fueron las que me motivaron a escribir nuevamente: promesas y segundas oportunidades.
Son de esos temas que cuando los abordas, casi inmediatamente, alguien los tilda de intensos, cuando en realidad son básicos, sencillos y nos facilitarían mucho las cosas. Empecé a preguntarme de dónde habrá salido esa ¿necesidad? de prometer. ¿Por qué somos tan irresponsables? Jugamos con el tiempo y el futuro, subestimando el valor que tiene cada uno. ¿Por qué no ser más realistas y menos románticos?
Puede que suene bonita la frase que inicia con el popular "te prometo...", pero en mi corta experiencia, he aprendido que esa lindura se diluye como sal en el agua y el sabor que deja es mucho peor. Termina causando amargura y desesperanza, nada menos tierno que eso. Cuando alguien promete algo puede que confíe en que cumplirá su promesa y probablemente crea firmemente en esa intención, pero lamentablemente -o no- somos incapaces de controlar el mundo, las acciones, incluso nuestras propias reacciones.
Que escriba esto no significa que nunca haya hecho una promesa ¿cómo no hacerlas? Son casi irresistibles, más cuando alguien te dice con cara de bebé koala "¿me lo prometes?".
He pensado que es mucho más noble y romántico aceptar que existe la posibilidad de que podamos herir a quien más queremos, que por eso se requiere de nosotros la mayor honestidad posible y cuando decidimos no prometer estamos respetamos al otro. No lo subestimamos, lo cuidamos. No es que estemos desconfiando de nosotros y nuestras capacidades, creo que estamos trabajando desde ya lo que está en nuestras manos, lo que podemos controlar, lo que nos pertenece y debemos proteger.
No está mal dar segundas oportunidades, pienso que está mal decir creer que en caso de no cumplir una promesa nos darán otro chance, también pienso que está mal escudarnos en esa excusa porque al final del día "somos humanos" y nos podemos equivocar. Me gustaría que respetáramos más al otro, que no subestimáramos el valor de lo que decimos y las palabras que usamos para hacerlo.
No sé si fue la canción, las casualidades o la vida, pero estoy empezando a creer que las promesas solo existen para los que no pueden decir hoy -con lo que tienen o no- que cada paso y equivocación los acercará a lo que desean, con lo bueno o lo malo que eso implique.
Solo puedo pedir y hacer una cosa a futuro: nada de promesas.
lunes, 24 de octubre de 2011
jueves, 13 de octubre de 2011
Te quiero hablar a ti
Te quiero hablar a ti. A ti, el que no espera que yo le hable, que no anda buscando respuestas ni palabras de una extraña. A ti, que no sabes quién soy, qué prefiero, qué hago, qué detesto. Es justo a ti a quien quiero hablar.
Quiero saber que has hecho en todo el día. A quién conociste o te perdiste de conocer. Me gustaría saber del tiempo muerto que se te fue durante más de dos horas después de las 3:30 de la tarde.
De quién te enamoraste. ¿Te enamoraste? ¿A quién ignoraste? ¿Acaso en alguien pensabas mientras te cepillabas los dientes esta mañana? Yo creo que sí, pero siento la duda punzante, la que no me deja terminar de decidir, la que molesta tanto como la sensación de esperar más de algo que ya se agotó.
¿Desayunaste? Dicen que es la comida más importante del día. Dependiendo de mi estado de ánimo decido creerlo, sino digo que está "subestimada". ¿Qué tal el trabajo? Porque tienes trabajo, eso creo yo. También me gusta creer que lees una página del libro antes de acostarte todas las noches. Que sueñas a menudo con episodios que parecen sacados de una película.
Seguro inviertes mucho tiempo en los aparatos electrónicos. Te dio gripe la semana pasada y mañana aunque es viernes, el fin de semana no te hace mucha gracia. ¿Por qué miras tanto el reloj? Incluso si no lo tienes puesto, te miras la muñeca como leyendo las venitas que se dejan ver.
A ti decidí hablarle hoy. A ti porque me aburrí de que me conocieran (poco o mucho). A ti porque caminas mirándote los zapatos y tratando de desamarrar las trenzas mentalmente. A ti porque extrañas, pero aceptas al mismo tiempo.
¿Acaso esperas que te hable?
Quiero saber que has hecho en todo el día. A quién conociste o te perdiste de conocer. Me gustaría saber del tiempo muerto que se te fue durante más de dos horas después de las 3:30 de la tarde.
De quién te enamoraste. ¿Te enamoraste? ¿A quién ignoraste? ¿Acaso en alguien pensabas mientras te cepillabas los dientes esta mañana? Yo creo que sí, pero siento la duda punzante, la que no me deja terminar de decidir, la que molesta tanto como la sensación de esperar más de algo que ya se agotó.
¿Desayunaste? Dicen que es la comida más importante del día. Dependiendo de mi estado de ánimo decido creerlo, sino digo que está "subestimada". ¿Qué tal el trabajo? Porque tienes trabajo, eso creo yo. También me gusta creer que lees una página del libro antes de acostarte todas las noches. Que sueñas a menudo con episodios que parecen sacados de una película.
Seguro inviertes mucho tiempo en los aparatos electrónicos. Te dio gripe la semana pasada y mañana aunque es viernes, el fin de semana no te hace mucha gracia. ¿Por qué miras tanto el reloj? Incluso si no lo tienes puesto, te miras la muñeca como leyendo las venitas que se dejan ver.
A ti decidí hablarle hoy. A ti porque me aburrí de que me conocieran (poco o mucho). A ti porque caminas mirándote los zapatos y tratando de desamarrar las trenzas mentalmente. A ti porque extrañas, pero aceptas al mismo tiempo.
¿Acaso esperas que te hable?
lunes, 1 de agosto de 2011
La gran G
Me gradué. Pasó el jueves. Los actos previos le hicieron la antesala: la firma del acta y la misa de grado, eventos que entre nervios y emoción me tomaba como la cuenta regresiva del día que no llegaría. Es decir, quería quedarme en esos flashes, en la celebración de espera, en el limbo que significa estar esperando el día. Al final me golpeó directo en la cara, más pronto de lo que deseaba. Los días de preparación parecían no haberme preparado en lo absoluto. Pero allí estaba mirándome: el gran jueves 28 de julio.
Peluquería, maquillaje, salir dos horas antes...definitivamente no me daría tiempo de pensarlo mucho. Sin embargo, entre una felicitación y otra tuve chance de llorar un poco de nostalgia, solo un poco. De pensar en quién era hace 5 años y quién soy ahora. ¿Acaso he cambiado o soy la misma que en vez de 18 tiene 23? De pensar en lo bueno, en lo mediocre, en lo triste, lo sublime, el desamor, la gloria, los que están y los que ya no. ¿Es de verdad como me lo había imaginado?
Allí estábamos, con nuestras togas y bonetes, nerviosos y con miradas cómplices. ¿Cómplices de qué? De las trampas en los exámenes, de la nota que me sudé, de los desvelos, de aquel discurso o clase que nos marcó la vida, de aquella vez que reparamos historia de la cultura, de la fiesta, de las peleas, de los sueños, del miedo, de lo que vendría. ¿Qué vendría?
Me gradué. Hice un juramento. Tengo un título. Parece fácil, pero siguen las interrogantes flotando, dándoselas ellas de interesantes. Me gusta pensar que estarán allí por mucho más tiempo y que cuando ya no estén, habrán otras para suplantarlas. Sólo tengo una respuesta en este momento. ¿La graduación fue como me la había imaginado? No, fue mucho mejor.
Peluquería, maquillaje, salir dos horas antes...definitivamente no me daría tiempo de pensarlo mucho. Sin embargo, entre una felicitación y otra tuve chance de llorar un poco de nostalgia, solo un poco. De pensar en quién era hace 5 años y quién soy ahora. ¿Acaso he cambiado o soy la misma que en vez de 18 tiene 23? De pensar en lo bueno, en lo mediocre, en lo triste, lo sublime, el desamor, la gloria, los que están y los que ya no. ¿Es de verdad como me lo había imaginado?
Allí estábamos, con nuestras togas y bonetes, nerviosos y con miradas cómplices. ¿Cómplices de qué? De las trampas en los exámenes, de la nota que me sudé, de los desvelos, de aquel discurso o clase que nos marcó la vida, de aquella vez que reparamos historia de la cultura, de la fiesta, de las peleas, de los sueños, del miedo, de lo que vendría. ¿Qué vendría?
Me gradué. Hice un juramento. Tengo un título. Parece fácil, pero siguen las interrogantes flotando, dándoselas ellas de interesantes. Me gusta pensar que estarán allí por mucho más tiempo y que cuando ya no estén, habrán otras para suplantarlas. Sólo tengo una respuesta en este momento. ¿La graduación fue como me la había imaginado? No, fue mucho mejor.
martes, 31 de mayo de 2011
The Hangover 2: una resaca irresistible
Acabo de llegar a mi casa luego de ver The Hangover (¿Qúe pasó ayer?) parte 2. Debo decir que desde Due Date (Todo un parto) no me reía tanto. Por supuesto que esto no es producto de la casualidad: en ambos proyectos están involucrados los mismos realizadores y un actor en común, el hilarante Zach Galifianakis. Esta secuela dirigida por Todd Phillips ya rompió récord convirtiéndose en el mejor estreno para una comedia a escasos cinco días de su lanzamiento.Este, sin duda, es un caso exitoso de las temidas segundas partes. Los más negativos dirán que es el mismo asunto de la primera entrega trasladado a la ciudad de Bangkok. Yo diría que es el resultado de la buena ejecucución de un concepto que ya está en el inconsciente de la cultura pop actual. Unas buenas, y sobre todo divertidas, actuaciones hacen de esta comedia una buena opción para desconectarse y reírse a más no poder. La risa tiene poder sobre las personas y consigue dinero también: ha logrado ganar 137,4 millones de dólares en taquilla en Estados Unidos y Canadá desde el pasado 26 de mayo.
Ahora, como si de una amanecida se tratara, reímos de manera más moderada para no sufrir tanto los dolores abdominales que provocaron las dos horas en la sala de cine. Duele ligeramente la cabeza y no te sacas de la mente la cara redonda y barbuda de Galifianakis, que sin expresión, pose o diálogo alguno te hace sonreír. Una buena oportunidad para disfrutar un rato, relajarse y brindar por la amistad. Como diría Fito Páez: "me gusta abrir los ojos y estar vivo, tener que vérmelas con la resaca". Y que lo digan estos tres panas.
viernes, 27 de mayo de 2011
Despertar (Microcuento Oct/2010)
La calma sobre la superficie del agua le recordaba lo azul que había sido el cielo una vez. Era un recuerdo que se sumergía frío hasta entumecerle todo el cuerpo. Al borde de la baranda, no poder moverse; era un alivio pasajero. Para Carlos, los colores se fueron difuminando, como eternas madrugadas que entre dormidas y despiertas no ven la luz. Sin necesidad de decir adiós, la vida se convirtió en una silla solitaria a la orilla del mar, que inevitablemente sería roída por la sal. Parado en el puente ya no había lluvia ni arcoíris, sólo aire. El aire que nadie le ayudaba a respirar.
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