martes, 24 de mayo de 2011

El día que España vio a la Vinotinto coronarse

Hoy por fin anunciaron los precios de las entradas para el partido amistoso entre España y Venezuela. Como se especulaba desde hace días, el alto costo de los boletos para el juego que se realizará en Puerto La Cruz resultó ser real, tan real como la inflación y el "costo e' la vida" como diría Juan Luis Guerra. Para "maquillar" la cuestión habrá un concierto previo con Franco De Vita y Carlos Baute, sí el mismo que cantaba que se quedaría hasta la muerte en Venezuela y ya tiene años viviendo en España.

Pues sí, lo que se suele hacer en Venezuela con todo: convertir las cosas en un "showsito", buscar dos caritas conocidas para darle promoción, emocionar a la gente y en última instancia soltar con una gran sonrisa la invitación a sacarse una pequeña porción del ojo de la cara para pagar por el evento en cuestión. No quisiera hablar del trasfondo político que tiene: meterme con la FVF, la gobernación de Anzoátegui, Movistar y Evenpro me da pereza. De lo que me gustaría hablar es del día en el que el campeón del mundo no esté visitando Venezuela, sino el día en el que Venezuela llegue a otros países como el campeón mundial.

Todo el país se vestirá de Vinotinto, sin duda. Habrán cánticos que proclamen la lealtad eterna a la selección nacional. Habrán videos emotivos con alguna canción de piano en todos los canales de televisión local. Dirán en todos los países que Venezuela ya no es la cenicienta o cualquier otro adjetivo de esos que repiten y repiten los comentaristas de fútbol. La plaza Alfredo Sadel se llenará de gente que por primera vez no va a aupar a Italia, Brasil, Argentina o incluso ¿Grecia? sino que dirán "miércoles sí, ganó Venezuela, que loco ir con mi bandera".

Cantarán el himno como si no hubiera mañana. Llorarán de emoción, se abrazarán entre amigos, familiares y desconocidos. Rumbearán la semana entera. Probablemente se nombrará ese día como no laboral. Las casas exhibirán el tricolor como si se tratara de una fecha patria. Esquivel y Farías darán declaraciones diciendo lo contentos que están de que lo que no pudieron hacer ellos lo están haciendo otros.

Todos sonreirán en la calle, se saludarán entre vecinos. Ese día la gente dirá buenos días, buenas tardes, buenas noches, gracias y por favor. Parecerá navidad con utilidades. Rápidamente Chino y Nacho harán un reggaetón junto a otros artistas para homenajear a la Vinotinto. Harán una cuña estilo mensaje de fin de año donde todas las personalidades de la televisión se unan para felicitar a sus jugadores.

En fin... Probablemente pasen todas esas cosas y otras más. Pero sobre todo me gustaría pensar que desde mucho antes de ese día ya los venezolanos se lo crean. Que la Federación funcione, no como una fiestecita de complacencias, sino como una institución que trabaje de verdad. Que el fútbol haya crecido porque se invirtió en su profesionalización. Que el talento haya recibido el apoyo que necesitaba, porque eso sí hay aquí: talento. Que la gente se haya dado cuenta de que en su país habían jugadores desde hace tiempo jugando por ellos. Que esa misma gente haya lamentado las derrotas en el camino, haya saltado de alegría con las victorias y discutido afanosamente los empates tomándose un café en la panadería.

Finalmente, me gustaría ir a ver el partido que habrá en junio entre España y Venezuela pero creo que me quedaré en casa a verlo por televisión. A los que desde el domingo comprando las entradas tendrán la camisa de "La Roja" puesta, en vez de la Vinotinto, les mando un mensaje para pensar mientras hacen la cola: el día que pase todo lo que conté antes ustedes serán los primeros en decir "de Venezuela soy". Los invito a que practiquen desde ahorita, cuando estén en el José Antonio Anzoátegui en medio de un grupo de niñas (y niños también) gritando "Casillas te amo", piensen que todo empieza con ustedes. Disfruten del fútbol, pero cuando quieran llorar y sentir orgullo háganlo con lo que es de ustedes. Hagan una victoria propia: la que se escribe con "V" de Venezuela y de Vinotinto.

sábado, 7 de mayo de 2011

Celebremos que pasó

Ayer fue mi último examen universitario. Sí, exacto: eso quiere decir que terminé la carrera y ya me llaman por ahí licenciada Sofía Álvarez (de esto hablamos en otro post). Lo que quiero compartir hoy es el video que hicimos para la última clase de cine y que estrenamos el jueves. Más allá de ser una gran producción audiovisual, es una celebración de las cosas buenas (así lo veo yo) y un resumen, si se quiere, de los últimos cinco años en la UMA. ¡Espero que lo disfruten!

Videoclip - remake - lipdub from Elena Sanchez Vilela on Vimeo.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Plaza M.

Una tarde me senté en la Plaza Miranda de Los Dos Caminos, no tenía más nada que hacer y la curiosidad me llamó (es una característica propia del lugar). Crucé las piernas en posición de indio, esa que te enseñan en pre-escolar, y me quedé observando todo en silencio. Perdí la noción del tiempo entre los que bailaban con un radio ochentoso inmenso, los que patinaban y caída tras caída se levantaban e intentaban hasta lograr la pirueta deseada, los raperos improvisando y los niños corriendo.

Sin darme cuenta los carros estacionados en la cola dejaron de escucharse y me quedé en los acordes de la diversidad urbana que me rodeaba. Oscureció y recordé que debía volver a casa. Me levanté y me fui, eso sí, volteando dos o tres veces hacia atrás.

Hace semanas en la universidad discutíamos el tema de un documental que debíamos hacer para la clase de cine. En principio, lo haríamos de decepciones amorosas. Pero luego, una mañana, de pronto recordé. "Y si lo hacemos de la Plaza del Millenium". A todas les gustó la idea y yo pensaba "es lo mejor que se me ha ocurrido últimamente".

Así fue como este martes presentamos "Plaza M.", dirigido por una de las personas más creativas que conozco: Elena Sánchez Vilela (elenaenvacaciones.com), memoricen ese nombre porque lo van a escuchar mucho en un futuro cercano. Junto a las productoras: Daniela Ruiz, Annys Machado y Oriana Montilla.

Sin más que decir, aquí está...

lunes, 31 de enero de 2011

Tenía dos años cuando Caribes...

Tenía dos años cuando Caribes de Oriente ingresó a la Liga de Beisbol Profesional Venezolano (LVBP). Pasó más de una década para que me comenzara a importar ese deporte. Recuerdo que todo empezó en el la serie semifinal del 2004: mi primera vez en el estadio. Fue en el Alfonso "Chico" Carrasquel de Puerto La Cruz, donde los de casa recibían a los Leones del Caracas. Ese día pudieron pasar dos cosas: convertirme en seguidora de los capitalinos porque a pesar de estar en territorio oriental los fanáticos eran en su mayoría de los melenudos, o estando y siendo de Anzoátegui no ponerme a inventar. Pasó lo segundo.

No recuerdo haberlo pensado mucho, fue mas bien como natural. Se me hacía más sencillo identificarme con algo que aunque no conocía sentía mío. ¿Regionalista? A lo mejor. Lo cierto es que desde ese día fui de los Caribes. Llámenlo casualidad, pero ese año la novena indígena llegó a su primera final ante los Tigres de Aragua. Después de casi 14 años de fundación "la tribu" llegaba a la última instancia del campeonato. Llegaron hasta el séptimo juego y perdieron.

Ese mismo año el lanzador criollo Johán Santana ganó el premio Cy Young de la Liga Américana, el premio más importante para un jugador de su posición en las Grandes Ligas. Mi papá me contó justo en el último juego que abrió esa temporada Santana con los Mellizos de Minnesota lo que significaba todo aquello que yo apenas estaba conociéndo. Posteriormente a la charla de mi papá anunciaban que el gocho era el primer venezolano en ganarlo, ya no había vuelta atrás: me había enamorado del beisbol.

Dulce y salado

Se podría decir que fue bueno empezar a seguir el beisbol en un año tan importante como fue el 2004, todo era emoción y buenas noticias para el país y para los orientales. Pero lo cierto es que no fue tan bueno por lo que vino después: Caribes no podía avanzar en el Round Robin -si es que llegaban a esa instancia-. Achacaban los problemas a la mala gerencia de la directiva, a la falta de apoyo de los fanáticos, etc. Sin embargo, el compromiso ya estaba hecho: ese era mi equipo y por más que me dijeran que eran unos "perdedores", "nulos" o "cagados", ya no había marcha atrás y además yo no quería cambiar de camiseta.

Debieron pasar seis temporadas de decepciones para que Caribes volviera a una final: cambio de imagen, de directiva, de nombre, remodelación del estadio y la posibilidad de una mudanza. Los fanáticos temimos lo peor, por un momento me pregunté cómo seguiría siendo de un equipo que ahora jugaría en Puerto Ordaz: desastre.

Al final -afortunadamente- no fue así. Llegó la temporada 2010-2011. Las cosas empezaron bien, Álex Herrera (abridor aborígen) fue el jugador de esa primera semana de temporada, por un momento el equipo fue líder, para luego bajar y mantenerse en la mitad de la tabla hasta su pase al "todos contra todos". Las victorias siguieron llegando, muchas veces sufridas, sí, pero llegaban. Estaban perfilados, parecía que se les había metido entre ceja y ceja que "este sí sería el año".

La Tribu oriental fue el primer clasificado a la serie decisiva y un día después Tigres logró el pase ante los Leones. La "sorpresa del año" contra el "equipo de la década". Lo que viene son detalles recientes que se conocen, llegamos de nuevo al séptimo, la historia parecía repetirse, con la excepción de que esta vez el final feliz sería para los de Puerto La Cruz.

Lo mejor es que a diferencia del 2004, los fanáticos de Caribes tenían más confianza en el equipo, creyeron más, aumentaron en número, llenaron el estadio, entonaron nuevos cánticos y ejecutaron nuevos pasos de baile. El "Chico" estaba lleno y no era por Caracas o Magallanes, era por los suyos: los de casa.

¿Que si disfruto que mi equipo sea campeón? Sí, ciertamente lo hago. Pero más que la victoria me llena de orgullo saber que valió la pena esperar, trabajar y apoyar. De eso se trata: de creer en algo que aunque sientas que no genera resultados inmediatos va quedándose en ti. Orgullosa de ser oriental, de ser de Caribes y de haber creído siempre.

domingo, 23 de enero de 2011

Nada es prefecto, lo recordó Clint Eastwood

Nada es perfecto. Esa es la premisa de la que parto porque si no fuese cierta no habrían pasado más de dos meses antes de publicar un nuevo post en la libreta. Sin embargo, varias razones que no vienen al caso en este momento evitaron que pudiera regresar antes. Dicho eso como un intento de disculpa, la frase también se pasea por aquí porque hoy tuve uno de "esos días".

En la mañana, sin levantarme siquiera decidí continuar con una película que había iniciado la noche anterior. Se trataba de "127 horas", basada en la historia real de Aaron Ralston, un escalador norteamericano quien en 2003 tomó una difícil decisión -que no quiero revelar antes de que vean el film- luego de quedar atrapado por una gran piedra.



Podría tratarse de otra película de la vida real, sólo otra, no más. Incluso de otra gringada, esa tendencia de convertir a todos en héroes. Pero no fue así, afortunadamente. En gran medida, esto se debe a la dirección de Dany Boyle, sí, el mismo de "Slumdog Millionaire" (Quisiera ser millonario), ganadora del Oscar a la mejor película en el 2009.

Otro factor es James Franco. El intérprete logró el papel de su vida y además lo interpretó maravillosamente. Espero verlo en la lista de nominados a mejor actor en los próximos Premios de la Academia. La producción no será la película del año pero merece la pena, sin duda. Tiene buenas imágenes, excelente montaje, impecable postproducción como la que nos sorprendió hace dos años con Slumdog... Efectos especiales, emoción, drama, tragicomedia; todo en un paquete que divierte y te deja nostálgico. De momento, reprimido con las ganas de llorar o de salir a comerte el mundo. Hay que verla.

El momento lamentable

Debo volver a la frase inicial, lastimosamente. En la tarde me trasladé hasta el C.C. Líder, en Los Cortijos, para ver una película que llegó esta semana a la cartelera. Pensé en ver "Red" por su reparto -Morgan Freeman, John Malkovich, Helen Mirren- y porque el trailer me recordó un poco a "Quémese después de leerse" de los hermanos Coen. Pero una comedia con grandes efectos especiales no llevaba una ventaja real sobre una película escrita y dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Matt Damon. Mala decisión.



¿Sorpresa? ¿Decepción? Con un film titulado "Más allá de la vida" muchos dirían "¿qué esperabas?". Lo cierto es que esperaba más de lo que conseguí. Una historia sin pretensiones, sin sorpresas, sin emoción, salvo algunos momentos cortos. Un guión deficiente y hasta aburrida. Al salir de la sala estaba ese lamento, no tanto por haber visto una película "mala", sino una película "mala" de un buen director.

Pero supongo que eso pasa, incluso a Clint. Mientras escribo veo el primer juego de la final del beisbol venezolano y como flashes que vienen y van, Morgan Freeman me mira con esa sonrisa justa y cómplice, diciéndome "hubieses entrado a la otra función".